Con la inquietud de la alegría infantil
su ingenua y loca fantasía,
la arrastra a la hora del calor,
justo después de mediodía.
«EL PIRATA TIENE QUE VENIR»
a pie, bicicleta o barco de vapor.
Con sus puras risas de niña
manda de vigía a su abuelo
que le avise si llegó el pirata;
pues siempre él lo ve primero.
Ella sueña que cruza el aire;
pero nunca descubrió su secreto,
sólo sabe que deja un tesoro
escondido en cualquier agujero,
con un mapa que le indica
el camino para descorrer el misterio…
Corre a descifrar sus enigmas,
contenta y dando gritos:
¡Yo lo descubrí primero!
Los demás simulan sorprenderse
mientras la niña disfruta
echando rayos de hielo…
Jierro
