Olía a violetas, a brisa, a agua,
extendió en la arena la toalla verde
y se untó el cuerpo de crema blanca.
Las pecas se marcaban en su rostro alegre
y la marea subía hasta alcanzarla;
corrió un metro hacia atrás con sus enseres,
chocando sin querer vuelta de espalda.
Él quiso ser galante y silbó suave,
se levantó presto para ayudarla…
¡ERES VENUS Y AFRODITA, la misma diosa,
irradias belleza con distintas palabras!
¡Qué lujo me tenía guardado la tarde!
Envueltos en la calina y a carcajadas,
juntos se bañan en la corriente;
saltan las olas, embelesados en el mar de plata…
Jierro
