En otros tiempos adoré
al viajero errante y aventurero
que agitaba mis pensamientos.
Ni el contento de perder su imagen,
ni el placer de su amor primero
me lastiman y me sorprenden
como su dura aspereza:
frío, inconstante y liviano
de sus labios murmurando
«Vuelvo para dejarte»
Todo se volvió silencio
con la sonrisa helada e indiferente,
yo, con lástima contemplo
su rostro y los revueltos rizos ¡que otro día
acaricié con el roce de mis manos!…
Jierro
