El 22 de julio de 2018, hizo cien años desde que Alfonso XIII declaró protegido el primer PARQUE NACIONAL DE LOS PICOS DE EUROPA que se encuentra enclavado en la Cordillera Cantábrica, entre las comunidades de Asturias, León y Cantabria.
Un entorno que combina el verde de la vegetación Atlántica con el ecosistema calizo y rocoso, con pueblos de un ancestro cultural, en la que el ser humano ha vivido del pastoreo y la elaboración de quesos.
El nombre «PICOS DE EUROPA» se daba supuestamente por ser la primera tierra europea que los navegantes divisaban al llegar de Groenlandia; otros dicen que los peregrinos centroeuropeos que hacían el Camino de Santiago lo llamaban así por su parecido a los Alpes y los habitantes de las comarcas próximas lo llaman «EL PICU».
De las nieblas bajas emergen, hasta la lejanía, montañas con bosques verdes oscuros, con prados grises salpicados de nieves residuales del paso del invierno… Perdidos en el bosque y en la montaña se crían rebecos, ovejas, cabras monteses, lobos, águilas, buitres, algunos osos y urogallos, así como manadas de caballos asturcones. Los bosques de hayas llevan sus raíces hasta donde hay agua y sus copas buscan luz…
La carretera bordea laderas empinadas y llegamos al pueblo de Cabrales, donde visitamos una cueva entre 8 grados y 12 grados centígrados de temperatura. Allí están depositados los famosos quesos de Cabrales entre dos y cuatro meses y los mohos Penicillium los fermentan produciendo vetas verdiazules…
Subimos cerca del Urriellu o Naranjo de Bulnes que da forma junto con las montañas de su entorno, «al jou tras el Picu», un círculo de montañas que dejan en el interior un hoyo espectacular y profundo. La escasa distancia de los Picos de Europa a la costa (30 kms) permite que vivan especies vegetales como el fresno, el enebro, abedul, nogal, tilo… y flores como el alhelí del campo, la siempreviva, la aguileña del Cantábrico…
Dejando atrás el Mirador de la Reina, con vistas al valle de Onís, desembocando en la vega del lago ENOL, la cubeta de un glaciar del último periodo frío, hace 15000 años, tiene 20 metros de profundidad de aguas cristalinas y quietas. Prosiguiendo por la carretera, se llega a otro lago todavía más alto, el de la ERCINA.
Por último para apagar nuestra sed, escanciamos una botella de sidra elevando la botella sobre la cabeza y vertiéndola sobre el borde inclinado del vaso sidrero. Bajamos al pie del peñasco de la gruta de Covadonga y aspiramos el aire frío y limpio mientras disfrutamos del paisaje…
Jierro
