La supervivencia de antiguas y cotidianas indumentarias es uno de los legados culturales que configuran el patrimonio etnográfico y antropológico de diferentes pueblos.
Muchas de las costumbres árabes fueron asimiladas por los españoles tras los años de convivencia: arquitectura, literatura, cocina, lenguaje, etc; y, en el caso de la indumentaria femenina, en la forma en que la mujer cubría la cabeza con un manto, ocultando tras él parte de su rostro.
Históricamente, la costumbre de cubrirse el rostro con un manto, tanto hombres como mujeres ya existía incluso antes de la llegada de los romanos, pero su uso se reforzó a partir de la ocupación musulmana que abarcó 8 siglos…
El uso del mantón o velo y su gesto, de medio ojo, recibe especial atención de misterio, camuflaje, seducción, pudor, recato, tradición y símbolo de identidad femenina.
Según la zona geográfica reciben distintos nombres: cobijada, tapada, enmantado (jaique), enrebozadas. La usanza del cobijado y la propagación de su uso en la Península Ibérica pasó de ÁFRICA con los sarracenos y a este traje llamaron mantos y almalafas. Y las españolas mozárabes vistieron al uso de las moras: el cubierto cubre todo el cuerpo y la mitad del rostro.
Son muchas las regiones españolas en donde se han utilizado mantos o velos para cubrir la cabeza y, en ocasiones, para actos religiosos, como todavía se utiliza la mantilla… En los siglos XVI y XVII, el uso del manto y la saya junto con el sombrero se generalizaron en la Península Ibérica.
Hoy en día, variantes de estas prendas están presentes en varios trajes típicos representativos de los pueblos de España. Estas colecciones la encontramos en el MUSEO del TRAJE de MADRID.
Una de las ciudades que más ha guardado la tradición de la COBIJADA es VEJER de la FRONTERA. La costumbre de las mujeres de cubrir el rostro con un manto ocultando todo él menos uno de sus ojos para poder ver sin ser reconocida. El manto se acompañaba de la saya, una falda larga hasta los pies de color negro, porque este color era considerado el honesto y discreto por excelencia. También es el color del luto y el que se ha considerado como elegante y elegido para las prendas de los domingos y festivos litúrgicos…
Jierro
Imagen: Emilio J. Rodríguez Posada, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons
