Llegó con las manos llenas de semillas;
él sabe, sin duda, que las siembro:
plantas que curan, árboles, hierbas desconocidas…
Habla conmigo, más con mímica, de sus secretos;
porque olvidó vocalizar palabras sencillas…
Le pregunto: ¿adónde ha ido, qué ha hecho?
Siempre me contesta con la misma retahíla:
¡Donde reposa mi madre, voy de visita!
con expresiones que yo solo entiendo.
Me pone mi mano con la suya,
señala el camino hacia el otero
donde ya el horizonte se cierra
y el sol de cobre se oculta.
Con espigas de trigo, avenas y flores del camino
hizo un ramillete con una tomiza sujeto.
Con paso lento se acercó hasta los riscos,
lo dejó sobre la tierra seca y miró al cielo…
Jierro
