Pasaron más de ochenta años
en la vida de Catalina,
como una sencilla flor silvestre
había luchado en su vida.
Siempre allí, esencia inmortal,
en su vivienda y refugio ella misma.
¿Por qué tan terca y luchadora
bajo el terrible peso del día a día?
Pero dichosa quizás, aunque ahora sola…
Siempre brillante en sus tareas,
mira sus manos, ya arrugadas,
tan llenas de valor como hermosas
que sólo entienden de trabajar sin tregua.
Con savia vigorosa, el cuerpo esbelto,
su llama vital sigue encendida,
mas, a veces, le falta el aliento.
Las ilusiones que llegan y los sueños
a tu larga historia de mujer bravía,
hace pensar que representas en nuestro tiempo,
como violeta perfumada, sombra y abrigo
A LA MUJER DE ANDALUCÍA…
Jierro
