Desaparecen los espacios misteriosos,
cubiertos de densas brumas
en los valles profundos y lóbregos,
donde manan las aguas profundas
y que en mi memoria guardo intacto,
antes que la chispa del rayo
cayera con la tormenta de agosto.
En el campamento chiquito y amable,
grato para vivir jubilados
hay un profundo silencio raro,
silencio total y angustioso
porque en minutos interminables
el fuego arrasó todo a su paso;
mientras los bomberos incansables
pusieron a los ocupantes a salvo.
Sólo un eucalipto enorme
y sus ramas más altas aún verdes,
queda como mudo testigo
del siniestro en la falda del monte…
Jierro
