Quisiera que por un instante, el destino,
deje entrar al sueño dorado, y esperando,
presiento que ya no vuelves nunca más;
aunque abra la puerta sollozando.
El sol tras las nubes duerme tranquilo,
el aroma a violetas me hace daño,
guardo los recuerdos muy escondidos
y pongo laureles para no olvidarlos.
Toda tu alegría,tu encanto, a mi vida
llegó, súbito, como la luz del rayo.
Yo pensé, que estaba en tu orilla.
Tú, nunca, a la mía has llegado.
Fueron palabras en un hilo de despedida,
las que trajo el triste piar de los pájaros,
como a una estatua, inútilmente, yo te quería…
Jierro
