Este humilde alimento, «LAS TORRIJAS», que han alcanzado en las confiterías unos precios astronómicos, es un sencillo y delicioso postre que se puede preparar en casa. Un pan duro empapado en leche o vino y posteriormente rebozado en huevo y frito era ya conocido en la antigua ROMA en el recetario de MARCO GAVIO APICIO (25 a.C.); se endulzaba con miel, aunque a lo largo de los siglos, se incorporaron o cambiaron ingredientes como la canela o el azúcar.
LAS TORRIJAS son un dulce inseparable de la Semana Santa y la Cuaresma y un legado de la cocina de aprovechamiento. La riqueza y dulzura de este postre representan la sustancia y el consuelo en tiempos de reflexión y austeridad…
En Madrid, finales del siglo XIX, en una taberna a la que asistió a cenar ALFONSO XIII, las torrijas ganaron popularidad. La tradición de comerlas en Semana Santa se debe a la vigilia cristiana (evitando comer carne) y así también ayudar a las monjas que las vendían en los conventos.
LAS TORRIJAS se asocian con tiempos difíciles y estrecheces económicas, en las que los restos de pan permitían comer un dulce de vez en cuando sin necesidad de gastar mucho, de hecho es que el pan fuera de sobra y algo duro. En Francia las llaman «pan perdu» (pan perdido) y los portugueses las conocen por «rebanadas» y son típicas en Navidad… En el año 1600, en España se le daban a las mujeres que daban a luz para que se recuperaran del parto y favorecieran la subida de leche, junto a una copita de vino dulce.
Hoy en día hay muchas variedades de TORRIJAS: leche, miel, chocolate, veganas… Una receta clásica de TORRIJAS es ésta:
Se remojan las rebanadas de pan del día anterior en leche que se habrá hervido junto con una cáscara de limón, clavo y canela a la que se añade azúcar o miel.
Posteriormente, se unta con huevo batido y se fríe en aceite bien caliente de oliva. Cuando están fritas, se pasan por miel diluida o canela con azúcar…
¡BUEN PROVECHO!…
Jierro
Imagen: Juan Emilio Prades Bel, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons
