Nunca hubo despedida.
En tu huida, atrás dejaste
gota a gota, en el olvido,
dentro de tu mochila,
sentimientos muy heridos,
que nunca consideraste
en este tiempo de hastío.
Tras estos tiempos vendrán otros,
un día tras otro día,
prisioneros de nosotros
y con alma fugitiva,
vamos dando dulces soplos,
siendo un ascua encendida…
Un día tornará la carga del recuerdo,
vestido ya de arrugas viejas.
¡Ay, lo que rompió el tiempo,
era tan frágil como la usada tela!…
Jierro
