Viaje hacia uno mismo

Viaje hacia uno mismo

El hogar anhelado por ULISES en la mitología griega es ÍTACA (la ciudad perdida)…

Los ingenieros no dudan en hacer profundos cortes en las colinas y montañas como si estuvieran cortando una tarta con un fino cuchillo, las laderas muestran un conjunto de capas superpuestas, estratos geológicos, que hablan de lo sucedido en tiempos anteriores…

A finales del siglo XVIII, la máquina de vapor fue utilizada como fuerza bruta en minería y, con la invención del ferrocarril, se transportó esos estratos de tierra a la superficie y se llegó a la conclusión de que la historia del mundo podía leerse en la carga de fósiles que contienen las rocas…

A principios del siglo XIX los constructores abrían la tierra y atravesaban la montaña y los geólogos aprendieron a leer en los estratos como en las hojas de un libro de historia cuando encontraron peces fósiles a miles de metros sobre la superficie del mar, restos de conchas marinas, restos de criaturas fantásticas…

Un geólogo inglés CHARLES LYELL, afirmaba que los cambios en la tierra no eran bruscos sino graduales. Las montañas se elevaban poco a poco, a lo largo de grandes periodos de tiempo, y eran degradadas lentamente por la erosión del aire y el agua. Las criaturas así mismo cambian y, como defendería DARWIN, se adaptan poco a poco siendo sustituidas por otras nuevas, condenando a la extinción a las inadaptadas.

Este proceso que se produce por causas naturales, necesita mucho tiempo para actuar, cientos de millones de años… Y como dijo una vez CARL E. SAGAN… cuando la tierra muera, dentro de unos cinco mil millones de años, cuando haya quedado reducida a cenizas o haya sido tal vez tragada por el sol, surgirán otros mundos, estrellas y galaxias que no sabrán nada de un lugar una vez llamado tierra…

LYELL escribió:

Los bosques pueden ser tan densos y elevados como los de BRASIL, y pueden abundar cuadrúpedos, aves, insectos, pero después de diez mil años, una sola capa de mantillo negro, de pocos centímetros de espesor, puede ser el único vestigio de esa infinidad de árboles, hojas, flores y frutos, de esos innumerables huesos y esqueletos de aves, cuadrúpedos y reptiles que ocupaban esa fértil región. Si esa tierra quedase sumergida, las aguas pueden barrer en pocas horas esa capa de mantillo.

Cuando ULISES no encontraba ÍTACA, la isla perdida, el origen, el hogar y el fin de su errancia…, podemos compararlo con ese viaje externo e interior hacia uno mismo que nos muestra el camino para reencontrarnos, porque lo material al final se transforma hasta quedar en la nada…

Cuando emprendas tu viaje a ÍTACA, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras y experiencias…

Jierro

Imagen: travelwayoflife, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons


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