¡Lluvia!

¡Lluvia!

Necesito escuchar de tus dos sílabas
que acaricien y caigan sobre mi cuerpo,
resbalen suavemente en mi rostro,
a su paso lave mis heridas
y limpie mi espíritu por dentro…

¡LLUVIA!

Sólo el milagro de respirar
nos llena de alegría y contento:
en los campos, pueblos y ciudades,
brillarán las sonrisas,
como los granos de arena en el desierto…

¡LLUVIA!

No paro de asomarme a la ventana,
se mueven las ramas de los árboles,
tengo miedo de que vengas enfadada,
me dijeron que hay sitios que arrasaste…
Te añoro y te temo…

¡LLUVIA!

La noche pasó velando el campo,
me desvelé; aunque tú no estabas,
había quietud, silencio inmenso,
yo te llamé en la tibia madrugada
y te conté mis últimos secretos…

¡LLUVIA!

Aún no escuché al pajarito del agua,
no sé dónde se encontrará escondido,
removeré las hojas para que salga
y cante el «sí señor»
porque ya has venido…

¡LLUVIA!

Jierro


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