La algarvía, de nubes cárdenas se cubre,
torna el olor de la lluvia,
llena de gotas de ensueño,
de húmedas brisas del alba,
tibias y mágicas de octubre
que perfuman al otoño nuevo.
En la quietud de la noche,
resuenan las gotas en el suelo,
se apagan los murmullos:
del grillo, la rana, el mochuelo,
el gallo, no anuncia la madrugada,
y yo, con los ojos despiertos,
oprimo tu mano cálida.
¡Qué placidez escuchar el agua!
¡Cómo una algarada de besos!
De par en par, abro la ventana,
para ver derramarse el cielo…
Jierro
