Valorar el agua

Valorar el agua

Disfruto contemplando los ríos sanos por poco caudal que lleven. Me da pena ver los arroyos secos y los embalses semivacíos. Me horrorizan las noticias de huracanes e inundaciones. Me pone de mal humor ver en la calle tuberías defectuosas que pierden agua o grifos mal cerrados y, en casa, se procura no malgastar agua.

Pienso que el agua es uno de los regalos más grandes y maravillosos de la Naturaleza y, por tanto, nuestro objetivo es valorarla, cuidarla y mimarla…

El lenguaje metafórico referido a dioses, mitos y leyendas, genera un profundo respeto por todo lo que nos es imprescindible y del agua hemos dependido y dependemos para vivir: EL AGUA ES VIDA.

Por todo ello, los ríos, sus riquezas y sus misterios han alcanzado, en todas las culturas que han florecido a lo largo de la historia, niveles míticos.

No olvidemos cuando las sociedades de Oriente Medio inventaron la agricultura con los cauces del TIGRIS y el ÉUFRATES, donde localizaron el paraíso terrenal en las tierras que regaban.

La historia de la vieja Europa no podríamos contarla sin nombrar sus ríos. Ni las ciudades sin el susurro del agua al fluir por sus cauces. ¿Cómo podríamos recordar a Sevilla sin el Guadalquivir, o a París sin el Sena, o a Budapest sin el Danubio, o el de Zaragoza, o el de Soria… TODOS ELLOS, cantados por poetas.

Nuestras identidades están tan íntimamente ligadas a los cauces, su fauna y su flora, como lo han estado siempre nuestros espíritus…

Los sistemas montañosos que cruzan nuestro país en dirección este-oeste, han dado lugar a una red de ríos en un clima templado, poco lluvioso y severo durante el estío, limitando la colonización de peces y otras faunas asociadas en cuencas bien diferenciadas.

No deja de ser sorprendente que las depuradoras de agua sean insuficientes; no existe el más mínimo control de vertidos ni de cualquier otra acción potencialmente perjudicial sobre nuestros ríos y mares; las leyes abundan pero se aplican de forma tímida y un nuevo plan Hidrológico Nacional amenaza con terminar de aniquilar lo poco que nos queda y que ha dado lugar a una gestión más científica de las aguas continentales por tanto empeño político y económico de llenar los ríos de obras y la orilla de los mares de bloques de apartamentos… Si a todos ello le sumamos los vertidos agrícolas, urbanos e industriales sin ningún tipo de depuración, encontramos una realidad más que penosa…

Jierro

Imagen: Lance Cheung, dominio público, vía Wikimedia Commons


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