DIÓGENES de SINOPE era un filósofo griego que defendía la necesidad de poseer solo lo esencial. Es uno de los filósofos más original y carismático de la cultura helénica. Decía que el hombre poseía las condiciones necesarias para alcanzar una vida feliz y despreciar las riquezas y los bienes materiales. Vivía como un vagabundo, una gran tinaja era su hogar y sin apenas pertenencias:
«No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita».
Sin embargo, se utiliza «MAL de DIÓGENES» como una metáfora sobre la reclusión y el estilo de vida marginal, más que como una descripción exacta de las ideas originales del pensador griego…
El SÍNDROME de DIÓGENES, quienes lo padecen no reconocen tener un problema y suelen mostrarse hostiles o rechazar cualquier ayuda externa. El nombre de trastorno resulta paradójico. Mientras que el filósofo buscaba vivir libre de ataduras materiales, quienes padecen este síndrome sufren un aislamiento social, un abandono extremo de su higiene y salud y una acumulación compulsiva de basura…
Según la leyenda, DIÓGENES en un viaje a Egina, fue capturado por los piratas y vendido como esclavo. Cuando fue puesto a la venta, le preguntaron que era lo que sabía hacer, y respondió: MANDAR. Comprueba si alguien quiere comprar un amo. Jeniades de Corinto le devolvió la libertad y lo convirtió en tutor de sus dos hijos. Pasó el resto de su vida en CORINTO y predicó la doctrina del autocontrol…
Una mañana, mientras DIÓGENES tomaba el sol, el rey ALEJANDRO MAGNO que estaba interesado en conocer al famoso filósofo, llegó acompañado de su escolta, se puso frente a él y dijo: «soy ALEJANDRO», a lo que DIÓGENES respondió: «y yo DIÓGENES, el perro». ALEJANDRO le preguntó que por qué le llamaban así y DIÓGENES le respondió: «Porque alabo a los que me dan, ladro a los que no me dan y a los malos les muerdo». «¡Pídeme lo que quieras», le dijo y DIÓGENES sin inmutarse le contestó: «Quítate de donde estás que me tapas el sol». Se hizo una exclamación de todos los presentes ante una petición tan pobre a un hombre que todo lo podía dar. «¿No me temes?», le preguntó ALEJANDRO y DIÓGENES le contestó: «Gran ALEJANDRO, ¿te consideras un buen o un mal hombre?», ALEJANDRO le respondió: «me considero un buen hombre». «Entonces… ¿por qué habría de temerte?», contestó DIÓGENES. Toda la gente se escandalizó. ALEJANDRO pidió silencio y dijo: «¿Sabéis que os digo a todos? Que si no fuera ALEJANDRO, me gustaría ser DIÓGENES». A esto DIÓGENES respondió: «Y si yo no fuera DIÓGENES, también querría ser DIÓGENES»…
DIÓGENES valoraba su libertad por encima de todo.
Jierro
Imagen: Gaspar de Crayer, dominio público, vía Wikimedia Commons
