Dejó de llover en el campo,
salió el sol picando fuerte,
quedaban ya pocos charcos,
en el camino hacia el puente.
La mamá en bicicleta
con la mochila colgando,
su hijita haciendo alarde,
la seguía más despacio
en un modelo cadete,
no dejaba de dar saltos.
Te paras, hija, un momento,
quiero decirte, chocando tu mano:
¡Qué hoy es mi día de fiesta!
Y voy a disfrutarlo
como el más preciado regalo.
No importa estar dando vueltas
ni los lugares que visitamos,
si los comparto contigo,
pues la compañía es lo que cuenta…
Jierro
