Llena de vida y ajena a lo que ocurre,
la niña juega con los perros,
salta ágil delante de ellos,
le tira la pelota y salen veloces a por el trofeo,
la encuentran entre las matas
y la devuelven en el hocico, presto,
esta vez, ella, les engaña y rebuscan, rebuscan…
Hasta que la atrapan y ya contentos, ladran…
¡Qué bello y caprichoso es el juego!
Tanto como el otoño que pasa
y vaga errante, en silencio,
triste o dichoso, enamorado,
del mar, de los monte y las nubes,
del salvaje e ignorado perfume de los juncos,
del rumor de la corriente del río,
donde encuentran refugio los peces
o de la incierta sombra de los álamos,
donde se escucha el aullido del viento
y el cantar de las aves de paso…
Jierro
