Nació, mulata, era niña y la luna lloraba,
su pelo negro brillante y ensortijado,
ojos azabache, piel delicada, ¡tan guapa!
A medida que iba creciendo
preguntaba por cosas ignoradas,
le respondieron con historias inventadas…
Bailaban alrededor del fuego,
el paso de niña a mujer era la danza…
Ese día no encontró respuestas
cuando se encontró fuera de su patria.
¿Por qué se la llevaron de noche
en un barco con otras muchachas?
En la estancia sin luz, herida
en su cuerpo, desangrada su alma,
ahora apartada de su familia,
ya no era libre, era una esclava.
Juró temblando ante la luna,
furiosa, perdida en el abismo;
pero valiente y con los pelos de punta:
LUCHAR, como agudo cuchillo,
para que no hubiera más niñas
en las garras de la mafia…
Jierro
