Desde tiempos inmemoriales, el árbol ha sido un símbolo de la fertilidad y de la regeneración.
Los romanos adornaron las calles durante las Saturnales y colgaban máscaras del dios Baco en los pinos en sus ritos de fertilidad, pero fueron sobre todo los celtas quienes decoraron los robles con frutas y velas durante los solsticios de invierno. Era una forma de reanimar al árbol y asegurar el regreso del sol y de la vegetación.
La celebración de la Navidad el 25 de diciembre es la cristianización de las fiestas paganas que conmemoraban el solsticio de invierno en el hemisferio norte; como es el caso del Yule, de los celtas y nórdicos, se celebraba la Rueda del Año, la rueda es un símbolo solar al que se pedía que alejara el invierno, la muerte y trajera el sol, la vida…
El roble era el árbol sagrado entre los celtas «EL ÁRBOL DEL SOLSTICIO» y sus troncos eran quemados en diciembre para que cuidara los hogares con su fuego sagrado y guiara a los espíritus de los familiares fallecidos en su vuelta a casa.
Este rito se conserva hoy en los Pirineos aragoneses con la Tronca, el Tío Catalán o el Cepo Nadal gallego.
Sus cenizas servían para fertilizar los campos, curar heridas del ganado y como talismán benéfico contra toda clase de sortilegios.
En el Antiguo Testamento también se hablan de árboles sagrados que eran utilizados para celebrar juicios y reuniones bajo sus copas.
Los primeros documentos nos hablan del árbol de Navidad en los siglos XVI y XVII. Pero será en el siglo XVIII cuando la tradición se consolide en Estrasburgo y se extienda por Alemania.
A Inglaterra llegó el árbol al palacio de Buckingham de mano de la reina Carlota, esposa de Jorge III. Desde entonces, aún se conserva en la tradición en la que la ciudad de Oslo envía un abeto navideño a Londres para plantarlo en Trafalgar Square.
En París lo puso de moda la emperatriz española Eugenia de Montijo y su esposo Napoleón III.
En España es moderna la tradición del árbol con sus adornos.
Los inmigrantes protestantes llevaron la tradición a Estados Unidos y luego, como tantas otras cosas, volvieron estas costumbres a la vieja Europa aumentadas…
Cada uno en su libertad individual podrá brindar por EL NACIMIENTO DE JESÚS o por EL SOLSTICIO DE INVIERNO, pero ver como le brillan los ojos a los niños en estas fechas es el mejor regalo y la mejor celebración…
Jierro
