En los montes de Los Lagares
donde nunca había subido,
con las lloviznas de otoño
y las amanecidas de frío,
las yerbas tienen escarchas
que derrite el sol dormido.
Mujeres sentadas en un poyo
con delantales muy limpios,
cortan rebanadas de pan
y luego le pegan pellizcos.
Un caldero en la trébede
hierve sobre la candela,
olores de aceite de olivos,
tomates, cebollas, pimientos,
espárragos buscados en los riscos,
a punto de sal el agua,
se añade despacio al hervido.
En lo alto de una mesa
el pan espera en un lebrillo,
tiene que reposar lento
el delicioso refrito.
A este almuerzo acompaña:
Charlas, alegría y vino,
un gran plato de graná
con rábanos y pepinos…
Jierro
