Aquel extraño día de diciembre
de excursión a los pies del Hacho,
bajo un cielo malva de sol naciente,
subimos a la cumbre, donde antaño,
sembramos arbolitos con mucha gente.
Aún empezando el invierno, brillan
los olivares alfombrados de margaritas.
Las palmas, esparragueras, espartos,
lagrimitas de la Virgen, campanitas amarillas…
ya anuncian una espléndida primavera.
Los rojizos tarajes, alumbran
el campo como llamas prendidas.
Llegamos al Hoyo de Aurioles,
almencinos y laureolas con hojas ennegrecidas
entre el camino estrecho con desniveles.
Las cabras en el filo de las peñas,
entre verticales y sombrías paredes,
se esconden en el Valle del Silencio,
también los nidos de águilas y primillas…
Alguien grita con fuerza,lo hace adrede,
y la montaña nos responde con sus ecos…
Jierro
