El mes de febrero breve,
entró con la luna llena,
el arroyo aminora la corriente,
faltan lluvias en la sierra.
A los almendros blancos y rosas,
visitan las leves abejas,
liban el néctar hacendosas
y dibujan un baile sobre ellas.
En un hueco del barranco,
un acebuche es testigo,
unos pájaros pelean
por querer el mismo sitio,
oculto entre la maleza.
Se forma gran alboroto,
rompen la paz del olivo,
los más débiles volaron
a otro lugar para hacer su nido.
Un verde intenso aparece,
apuntando flores nuevas,
coloreadas con tiernos brotes
entre las marchitas yerbas.
Aunque el invierno fue largo
y la pena se nos queda,
por tantos muertos y enfermos,
LA PRIMAVERA NO ESPERA…
Jierro
