La lluvia ya se retrasa,
febrero trae agua dormida
que brota de nubes cárdenas.
Cae dulce y constante
a despertar nuestra calma,
rodando por los cristales,
las gotas frías resbalan,
salpicando con la música
de una primitiva danza.
Entre los sauces llorones
las telas de araña tiemblan,
crujen las secas ramas,
el jardín sombrío brilla
con débil luz anaranjada.
Vuelan hojas transparentes
entre la verde hierba fina,
no abrieron sus simientes
bajo tierra renegrida
oscuras y cerradas semillas.
Por las nubes entreabiertas
desde el río hasta el puente,
el arco iris refleja
la belleza del poniente…
Jierro
