Aquella mañana de febrero fría,
abrigada en su melena negra,
sedosa y suave que la lluvia limpia…
¡Veinte años en una gata!
No se levantó, parecía dormida.
Leonora una gata de piso,
mimada en juegos y chucherías,
muy joven fue a vivir al campo,
donde descubrió la vida primitiva,
saltando por árboles y tejados,
sus ojos felinos vigilan.
Convirtiose en gata silvestre,
a las faldas ya no acudía,
fue feliz a su manera,
en sus andanzas libre, a su aire.
Bajo los rayos del sol
en la yerba adormecida,
ahora buscaba el calor
también el humano y las caricias…
Leonora, en silencio dijo adiós,
se despidió de la vida…
Nacerán lirios azules,
bajo el olivo donde dormías…
Jierro
