La leña apilada prende y nos calienta,
el fuego nos da calor dentro de casa
lo contemplamos delante de la chimenea,
con expresivos ojos abiertos a la llama
que se achica y se agiganta,
chisporrotea , verdiazulea y baila.
Nos envolvemos en su danza,
surgen formas de pájaros y ramas,
se mezclan el rojo, amarillo y naranja
con su melena suelta el fantasma
desliza su cuerpo por la llamarada.
Nos da fuerza, nos templa, nos ama…
Nuestros genes llevan su memoria
desde nuestros ancestros impregnada
en hogueras, teas, fogatas,
candelas, lumbres, brasas,
pira, hogar, vela, falla…
¡Qué hermosura de fuego
con sus imágenes ígneas purificadas!…
Jierro
