En cualquier lugar que estés
o dondequiera que habites,
con sueños de hoy y mañana,
de ayer, dormido o despierto…
Tal como el viento arrastra
las florecillas de almendros,
mi pensamiento se marcha
con este amor inaudito,
hasta llegar a tu encuentro.
Mi cabeza blanqueada
y yo, eterna sonámbula,
ufana hasta el delirio,
siempre sigo soñando,
escuchando los «tictac»
de mi corazón herido.
Por no estar a tu lado,
en la música hallo eco,
cada vez que tu voz recia
me retumba, aquí, en el pecho,
como algo que se rompe
y se desvanece luego…
Jierro
