Eterno cupido viajero,
sin límites ni fronteras,
se aferra a las paredes,
atravesando las rejas.
Es el loco amor que fluye,
se lanza de golpe, a veces,
arbitrario, sinrazones,
llora, ríe, corre, salta…
Como un loco torrente
que de las montañas baja.
Por una larga escalera,
ROMEO en VERONA trepaba,
para verse a escondidas
con JULIETA, su amada,
palabras dulces y bellas,
en su balcón recitaba…
¡Pobre del que no obedezca
esa venenosa flecha!
Es el corazón quien manda…
Jierro
