Alguna vez, sentí otra vez el fuego
de aquellos besos robados al aire,
que hace entreabrir sin querer mis labios,
despertando la pasión y la ternura,
vuelven de nuevo, aunque sea tarde.
Aquel mundo irreal donde los sueños
llenan de luces y melodías mudas
el paisaje extraño y conocido a un tiempo.
Errante, andando al azar, perdida,
crucé bajo el arco de piedra
que lleva hasta la torre del viento,
me deslicé bajo su sombra oscura,
volví mi rostro buscándote fugitiva;
pero estaba sola con mis pensamientos.
La soledad otros días recuerda
a mi alma femenina, la dulzura
de tu mirada que me hizo cautiva,
de aquellas tiernas y perdidas palabras,
notas de música que en mis oídos murmuran…
Jierro
