Desde que la conociera, el alcohol fue el amargo transcurrir de su existencia, no podía escapar del encuentro con su vicio. Sí, ella era una enferma alcohólica, una borracha, que alternaba su afición con esas drogas farmacéuticas al alcance de cualquiera…
Como todo enfermo alcohólico íntimamente creyó que un día se abriría el de su recuperación. Pero el pozo era muy profundo y no bastaban las ayudas médicas. ¡Muere tanta gente! Ella murió en un coma etílico…
Vivimos en un mundo, en el cual, cada minuto, desaparece alguien. Tenemos mucha prisa y mucho miedo. La violencia, los accidentes, las guerras… Nos amenaza un futuro lleno de inseguridad.
¿Cómo detenernos ante la muerte de una joven borracha? ¡Morir ha sido lo mejor para ella!
¡LO MEJOR!
Sigue el camino del alcohol y las drogas invadiendo sutilmente, como jugando, la vida de muchos adolescentes que van a quedar atrapados en la telaraña que los variados comerciantes de esos dañinos productos les facilitan…
No se es alcohólico o drogadicto porque uno quiere. Se entra en la danza atraído por el mimetismo, por la publicidad o porque ha sido uno empujado a ello por el entorno… Es como entrar en el castillo de «irás y no volverás». Y no creamos que «si uno tiene voluntad»… esas cosas no pasan.
El alcohol es mucho más sutil, saben sus comerciantes que no tienen necesidad de forzar voluntades, sino sólo esperan tranquilos sabiendo que éstas se rendirán sin mas y luego camino llano. Un enfermo alcohólico, no tiene voluntad, es preciso ayudarle a reconquistarse a sí mismos.
Estos jóvenes que tienen unas inmensas ganas de vivir en ese país de los otros que nunca podrán alcanzar tienen una soledad absoluta, hundiéndose en el silencio…
¿Cómo serán sus adolescentes años? ¡Qué larga su soledad, sus temblores y su tortura! Sintiéndose perdidos para siempre, sin esperanza, sin remedio………………………….
Jierro
