Uno de los motores de la generación del 98

Uno de los motores de la generación del 98

Nunca le dieron el Premio Nobel aunque se lo mereció más que nadie. PÍO BAROJA (1872-1956) marcó la vida intelectual de España durante la primera mitad del siglo XX y fue uno de los motores de la llamada GENERACIÓN DEL 98.

Su prosa era bronca y su estilo veloz. Retrató con realismo a la sociedad de su tiempo. Lo hizo sin complacencias, lo que le granjeó las críticas de unos y otros. Escéptico y pesimista paseó por los caminos de toda España, desde su San Sebastián natal a Madrid, ciudad en la que vivió gran parte de su vida y donde fue enterrado en el Cementerio Civil.

Entre su producción sobresalen títulos como Zalacaín el aventurero, el árbol de la ciencia, La busca o Las Inquietudes de Shanti Andía, que han sobrevivido a todas las modas por la honestidad intelectual y las verdades que contienen.

Su sobrino el antropólogo, Julio Caro Baroja, reconstruyó las andanzas de su familia en su obra «LOS BAROJA»

Los diez mandamientos de PÍO BAROJA:

1- El hombre de nuestro tiempo, más que inmoral es bruto. Le gustan las diversiones estúpidas y un poco infantiles, quiere comer, beber y lucir. Lo mismo le pasa a las mujeres.

2- Sólo los tontos tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez.

3- A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre.

4- La burocracia de los países latinos parece que se ha establecido para vejar al público.

5- Son los inocentes y no los sabios los que resuelven las cuestiones difíciles.

6- Cuando el hombre se mira mucho a sí mismo, llega a no saber cuál es su cara y cuál su careta.

7- El hombre: un milímetro por encima del mono cuando no un centímetro por debajo del cerdo.

8- Las ideas no tienen importancia alguna. Las ideas son el uniforme vistoso que se les pone a los sentimientos y a los instintos. Una costumbre indica mucho más el carácter de un pueblo que una idea.

9- El ejército no debe ser más que el brazo de la nación, nunca la cabeza.

10- Dejemos las conclusiones para los idiotas.

Jierro

Imagen: Vicente Ibáñez, Biblioteca Nacional de España, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons


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