Ella, siempre revive tan agradecida,
pero la tierra reseca se abre en grietas,
del hombre enemigo, está perseguida,
las aves lejos del nido, pasan ligeras,
trasponen por valles y montañas
grandes bandadas en su hégira…
Al pasar por el bosque de luna pálida
graznan los cuervos con voces extrañas,
no mana la fuente ni brota la yerba,
el viento la soledad arrastra
discurriendo por ámbitos misteriosos,
seguido de un séquito de fantasmas,
en las horas silenciosas y largas…
Pero llegará un tiempo, quizás,
que en la TIERRA reine la calma:
buscando el bien, escondiendo las ansias,
en este pequeño mundo que habitamos,
cuando la mansa lluvia bese y despierte
todo lo que se languidece y se marchita,
renacerá ese día, tarde o temprano,
y retornaremos enamorados de la vida…
Jierro
