Final de estío, septiembre,
son las fiestas de las vides,
cuando se pisa la uva
y el mosto corre alegre.
Los habitantes del pueblo
no se asoman a los balcones,
para ver a la PATRONA
procesionar entre flores.
Aunque tocan las campanas
repican y lanzan clamores,
llaman a los feligreses
que acudan a las oraciones.
LA VIRGEN obre el milagro
en las almas que están tristes,
de malos días de encierro,
cuando la calor desvela
y sólo se oye el silencio.
Llenos de melancolía
ojos que miran pidiendo,
con fe y esperanza puesta
¡qué no sea vano esfuerzo!
El sacrificio de tantos
por conseguir un mundo nuevo…
Jierro
