No somos muy conscientes con el sentido del olfato, que ejerce una gran influencia sobre nosotros.
¡El olor es demasiado poderoso evocando memorias!
Existen cosas que hueles como un niño: el olor a hierba recién segada, el olor a tierra mojada…
Todo evoca memorias vividas y sentimientos de la infancia.
Los animales tienen el más increíble sentido del olfato y pueden detectar toda clase de cosas.
Existe todo un arte del olfato: el arte de la perfumería, el olor a brasero, las ascuas de carbón encendidas es el «incienso» natural de las casas de pueblo que impregna el ambiente de sencillez y da una atmósfera tibia y relajada para pasar el invierno sin prisas…
Podemos preparar también algunos inciensos artesanos y naturales. Las hojas y mejor aún los glóbulos (frutos) de los eucaliptos lo ponemos sencillamente sobre la chapa del fogón o en cualquier lugar bien caliente de forma que no ardan. También sirven un puñadito de espliegos, mejorana o hinojos.
En Occidente, el más empleado es la resina.La resina francesa, básica para las ceremonias católicas de todo el mundo, se introduce en un botafumeiro, balanceándolo posteriormente para esparcir lo en los recintos apropiados.
En Oriente un maravilloso incienso se recoge de un árbol llamado gingko, que nace de una enfermedad que hace extremadamente dura la madera. La enfermedad en el árbol es como la perla en la ostra. Su olor es lo mejor del bosque, se usa en ocasiones especiales en los templos budistas de China y Japón.
Existe un incienso especial que usan los japoneses durante sus peculiares ceremonias de té. Se debe beber el té completamente atento viviendo en el eterno presente que es, efectivamente, el único sitio en el que hay que estar.
Los japoneses usan en la ceremonia un jarrón con un pequeño objeto de marfil encima, el incienso se convierte en bolitas negras muy pequeñas, de olor característico, que se asocia con la ceremonia del té.
Intentar transmitir la idea del olfato en palabras defrauda lo mismo que intentar describir el color a un ciego…
Jierro
