lunes, 20 de septiembre de 2021 – 06:56

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Hubo una vez un flautista que se atrevió a utilizar los poderes musicales de su flauta para eliminar a todos los niños de la aldea de Hamelin.
Desde los tiempos más remotos se ha sabido que la música provoca un gran impacto emocional en el hombre, el ritmo y el sonido son parte intrínseca del ser humano.
La música tiene poder sobre los sentimientos, es por excelencia, el lenguaje de la afectividad, capaz de influir sobre las emociones humanas con más intensidad y rapidez que el resto de las bellas artes…

La música nos afecta desde los primeros momentos de la concepción en los cuales el sentido del oído impera sobre el de la vista.
La costumbre, propia de todos los tiempos y culturas, de arrullar y tranquilizar al recién nacido mediante canciones de cuna es la prolongación de lo que se escucha en el seno materno durante todo el periodo de gestación…

Todos estamos de acuerdo en el conocido refrán: «la música amansa las fieras». El uso de la música con fines terapéuticos no es un invento reciente.
Ya los griegos ponen de manifiesto las relaciones que existen entre los movimientos musicales y los factores físicos y psíquicos del hombre, que la enfermedad era una desarmonía orgánica y que debía ser subsanada con la armonía de la música.

Tras la última guerra mundial se usa en medicina curativa y también preventiva. Cada estado de ánimo requiere un determinado tipo de música sobre todo a los que sufren problemas mentales y emocionales.
A tenor de esto, ha surgido un nuevo tipo de terapia, la terapia musical o musicoterapia, la música tiene el don de sorprender y se produce con más fuerza cuando se atraviesa un estado de exaltación o depresión. De ahí la importancia que está adquiriendo la musicoterapia a la hora de tratar todo tipo de problemas…

Jierro


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