Es inútil cambiar el tiempo, los animales y las plantas no han perdido el instinto de
«verlas venir» ante las situaciones climáticas.
Si algo te duele a la llegada del «mal tiempo», no maldigas al cielo, dale las gracias: te está advirtiendo…
HIPOCRATES, hace más de 2.500 años, ya lo sabía.
Hay personas más «meteorosensibles» que otras; los niños y los ancianos suelen serlo más que los adultos. La melancolía de los adolescentes en primavera o la depresión de los más mayores en las fechas próximas al solsticio de invierno…
Desde el momento en que el ser humano se hizo sedentario dejando de ser un miembro trashumante, siempre a la búsqueda de mejores pastos y regiones climáticas donde pasar las épocas duras del año, empieza poco a poco a ir aclimatándose a la masa de aire típica del lugar donde se instala y a las variaciones que ésta sufre con el pasar las estaciones del año. Su cuerpo, su modo de vida, sus pensamientos se vieron sin duda modelados en gran parte por el aire, ese elemento que unas cuantas veces por minuto respiramos.
Los pueblos esquimales tienen fama de ser calmados, amables y pacientes, es entre otros motivos por las influencias de su clima: el intenso frío les ha obligado a desarrollar una capacidad de control de las emociones y las relaciones entre las personas, sin la cual la vida de la familia en el interior del reducido IGLÚ ÁRTICO sería poco menos que imposible.
Por el contrario un clima semitropical, mediterráneo, permite pasar la mayor parte del tiempo fuera de casa y sus habitantes no están acostumbrados a reprimir pensamientos y conflictos personales, pues estos encuentran a menudo lugares para expresarse sin afectar necesariamente a la totalidad del grupo.
Es evidente que el clima ha creado, tanto en los esquimales como en los mediterráneos, desde unos modos de comportamiento diferentes hasta constituciones físicas distintas.
Diremos simplemente que el aire de cada región tiene una «personalidad» propia y distinta, la que confiere allí la conjunción de las fuerzas celestes y terrestres.
No es lo mismo, por ejemplo, el aire marítimo del Cantábrico o Bretaña ,vitalizantes, que el de Alicante o Córdoba que invita a la siesta.
En fin, cada masa de aire tiene diferentes «condiciones de energía» y, lo más importante, que todo lo que vive entre la TIERRA y el CIELO ha de reaccionar y transformarse sin cesar para estar en armonía con ella …
Jierro
