La agonía de las sociedades tradicionales es una consecuencia del avance e imposición del modo de vida occidental.
No se trata de defender el pasado por interés folklórico, sino de comprender cómo culturas ancestrales que encierran, en menor o mayor grado, una forma de sabiduría pueden desaparecer para siempre en aras del progreso…
Sabiendo, además, cuán frágil es la cadena de transmisión cultural, que finaliza con el artesano sin aprendices que continúe su labor, perdida la identidad, raramente se puede hacer frente al mundo moderno y se ven obligados a mercantilizar turisticame su modo de ser para lograr sobrevivir, o bien pasar a ser simple mano de obra barata…
Asimismo, es bien sabido que la era tecnológica se caracteriza por la mayor tendencia al aislamiento de las personas que se comunican individualmente con el exterior por medios electrónicos, a diferencia del sentido comunitario propio de las sociedades agrarias.
La pretensión de que la civilización tecnológica es la única que merece «gobernar» la TIERRA no puede ser aceptada sin reflexionar antes sobre su verdadera naturaleza.
Nuestra época tiene ante si un reto, el de mantener por los actuales medios de comunicación, la necesaria diversidad cultural. Diversidad que tampoco debería generar exaltaciones de tipo nacionalista…
No son, pues, las ideologías basadas en conceptos abstractos, ni tampoco los avances científicos, los que nos otorgarán verdadera unidad y concordancia.
Quizá la universalidad que deseamos habrá que buscarla mejor en nuestra propia condición humana, porque en la devastación del hábitat natural del ser humano con sus sonrisas y lágrimas que forman parte de nuestro lenguaje común y sin la conservación de sus costumbres es difícil concebir su normal continuidad en el planeta…
Jierro
