Situada en medio del Océano Atlántico a la altura de Marruecos, el archipiélago de Las Madeiras está compuesto por las islas de Madeira y Porto Santo, las únicas habitadas y los grupos de Las Desertas y Selvagens.
La isla principal, bautizada Madeira por la arboleda que la poblaba, está formada por un macizo montañoso de origen volcánico que cae abruptamente al mar.
Es un territorio portugués que cuenta con mucho encanto. Sus verdes llanuras están rodeadas de montañas y de cumbres de vértigo. Es conocida como «La Isla de las flores» o «La Isla de la eterna primavera» .
Redescubierta por navegantes portugueses pues ya estuvieron allí los romanos.
El interior de Madeira está formado por gigantescos volcanes extintos y profundos valles fluviales que fueron excavados por las constantes lluvias de montaña formando bosques de laurisilva…
La costa de Madeira es una accidentada mezcla de enormes acantilados y playas de piedras.
Por el contrario la isla de Porto Santo ofrece un relieve más llano. Su principal atracción es la playa de siete kilómetros de arena dorada y aguas cristalinas en la Costa Sur.
La Isla de Madeira resulta una maravilla que merece descubrirse poco a poco. Su capital FUNCHAL seduce a los viajeros. Los jardines botánicos situados en las colinas del noreste constituyen un inmejorable lugar para admirar todas las variedades vegetales.
En el litoral sur destaca el pueblo de Cámara do Lobos, con sus barcos de pesca pintados de colores, y el Cabo Giráo, un paraje impresionante. Además de São Vicente, en la costa norte donde ofrece Porto Moniz unas piscinas naturales dentro de arrecifes volcánicos; las viviendas coloniales de Pronta Delgada y las techumbres de paja de Santana .
Las terrazas cultivadas ascienden hasta las cimas de la Sierra de Aguas. En Madeira existen numerosos canales de irrigación denominados levadas que llevan el agua de la parte norte de la isla a la parte sur . Existen unos 2.200 kilómetros de levadas formando una red de senderos…
La isla es un paraíso para los amantes del vino. Los aromas a mar y fruta tropical se entremezclan con los sonidos del fado y los vientos que llegan desde los acantilados cercanos.
Desde hace años, artistas locales han ido pintando las puertas de las casa bajas que se encontraban abandonadas de FUNCHAL . Pasear por sus calles empedradas con mosaicos que son auténticas obras de arte y la visita al mercado de labradores, hacen que afluyan a nuestra memoria todos los colores que en nuestra infancia observábamos a través de un caleidoscopio…
Jierro
