La palmera se mece con la brisa
ante el sol que asoma en el mar,
al nacer la aurora ilumina
a una jábega en su faenar.
Las olas de tonalidades azules
acarician la orilla y se van,
yo quisiera retenerlas
para poderlas abrazar,
pero las aguas regresan
al subir la pleamar,
borran huellas en la arena,
de la gente solitaria,
que se sientan a soñar…
Jierro
