lunes, 08 de noviembre de 2021 – 07:55

lunes, 08 de noviembre de 2021 – 07:55

El hombre más moderno de los antiguos, se entretiene contemplando los juegos de las nubes, de los vientos, del sol y de la luna. El misterio del universo está en que no lo conocemos.
¿Cómo viene el día?
De pronto, el cielo resplandece con un fulgor intenso, y en tanto miramos hacia otro lugar, la luz del sol cambia de matices, el cielo palidece y los riscos rojos y las colinas purpúreas aparecen con mayor claridad. Donde antes había negrura de la noche, hay luz y vida…

¿Está apartándose más el hombre moderno de la Naturaleza?
No es ésa la tendencia de la presente civilización. Aún concediendo que el guiar un coche es un mal por no utilizar los músculos de las piernas, siempre existe la oportunidad de salir a dar un paseo por los bosques o las playas.
Una de las mayores compensaciones del automóvil es que nos acerca al campo y permite a muchos trabajadores de la ciudad tener sus hogares más cerca de la Naturaleza y de sus pueblos…

Es la Naturaleza la que cambia nuestra escala de valores de la vida, los divinos placeres de los paseos nocturnos en verano por la campiña con la estrellas de techo, que la noche transforma en cualquier lugar del mundo.
Parece que en la actual vida artificial supercivilizada, el hombre se ha apartado demasiado de las sencillas leyes de su ser natural, y los resultados son mezquinos temores, ambiciones frustradas, depresiones nerviosas y la infelicidad…

Esto sugiere que podemos vivir en contacto más íntimo con la Naturaleza, hay y intentar probar las cosas simples como ver de salir o ponerse el sol, escuchar el canto del gallo, aspirar la fragancia de los pinos, ascender lentamente hacia una montaña, en el donde encontrarnos las pruebas de haber aprendido en una tarde al alejarme de aquel lugar que me sentía otra persona distinta y más llena de energía, que hemos de ser al igual que los árboles amables y los campos abiertos, como una llama de claridad para los demás…

Jierro


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