jueves, 18 de noviembre de 2021 – 08:09

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El PIRINEO ha dejado de ser la gran cadena montañosa que atemorizaba a los antiguos moradores de sus vertientes, con sus altas montañas de nieves casi perpetuas y profundos valles cubiertos de bosques, donde la gran fauna se refugiaba de los hombres y en cuyos altísimos riscos anidaban las águilas…

Con el correr del tiempo esta imagen ha dado lugar a otra en la que la gran cordillera se nos aparece más como un enorme terreno de juego en el que practicar los deportes más arriesgados dentro de un marco natural sano.

Hoy los animales pirenaicos viven en una continua huida de los grupos excursionistas que campean por todas partes, pues un extensísimo trazado de carreteras y pistas cubre como una complicada tela de araña el lugar que antes era en los mapas una mancha blanca.
El invierno es el gran regulador que frena las agresiones que continuamente padece la montaña.
La nieve es el nivelador que suaviza los paisajes o desaparecen las pistas, caminos y ríos pequeños, se disimulan las zonas rocosas y se esconden los bosques. Es como si la NATURALEZA se cubriera de un sutil velo blanco y descansara en una vida latente recuperando fuerzas para la gran explosión primaveral…

Antaño, también la nieve regulaba la forma de vida de los hombres que habitaban en los valles pirenaicos, los cuales tenían que ser autosuficientes en la práctica vida diaria al quedar aislados durante el invierno.

El PIRINEO sufre hoy una fortísima presión humana, invadido por un incontable número de personas que practican el esquí y otros deportes de invierno, con urbanizaciones satélites y torres metálicas…

El PIRINEO todavía conserva lugares donde el pulso vital de la montaña es igual que el de hace centenares de años y donde la NATURALEZA permanece casi inalterada. Luchemos pues por un PIRINEO LIMPIO y conservado para las futuras generaciones…

Jierro


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