Aunque estamos tan cerca y tan lejos,
al ocaso observo en su penumbra,
el sol refleja tu mirada en su espejo,
y un rayo equivocado me alumbra.
Tal vez, mañana, al alba te confiese,
entre arrugadas sábanas de muselina,
que siento tu corazón vibrar errante,
en este amanecer que huele a lilas.
En la blanda y tibia almohada yace,
mi cabeza adolescente y confundida,
deseando que un nuevo día claree,
con la añoranza del pensamiento sumido
en un despertar de luz cristalina…
Jierro
