A lo que ayer fue corazón y aliento,
una oscura y fría tarde invernal,
con suspiros fervientes de amor eterno,
desierto el mundo, vacío el cielo,
aquel día, a ti, tuve que renunciar…
Algo ha quedado escondido dentro,
el duende tuyo nunca morirá,
aún sueña y cree el pensamiento
que lo inmenso no termina jamás…
Y vendrás o iré sin sosiego,
como un pez sobre las olas del mar,
con salobres aromas y movimientos,
las ondas de la brisa me envolverá,
izaré en mi barco las blancas velas,
que al fin me lleven hasta tu encuentro,
Y sí con ellos se va la soledad,
no importa que sean mentiras los sueños…
Jierro
