La savia es sangre verde
de la encina centenaria,
moldeada por el viento,
y en el tronco marcada
por las tormentas que pasan.
Crece en la soledad
desde el silencio que calla,
sobre ondulado paisaje
da su sombra a la montaña.
En el frío de las noches,
los pájaros bajo sus ramas,
presienten la luna turbia
que de un cerco está preñada.
Anuncia abundantes lluvias,
aguas que en nubes viajan,
goteando en manantiales,
moldeados por sus lágrimas
y que imprimen a las rocas,
un mensaje de esperanza…
Jierro
