BARBARROJA, el célebre corsario de ARGEL, sembró el terror en el Mediterráneo Occidental durante la primera mitad del siglo XVI. Él y su hermano, Aruj, navegaron sin temor saqueando puertos y ciudades y cargando sus galeras de infinitas riquezas y un número enorme de cautivos.
No sólo fue un pirata, sino también un diestro guerrero con olfato político que se convirtió en valioso servidor del sultán otomano SOLIMÁN EL MAGNÍFICO, desafió a todo un emperador, CARLOS V, y fundó en Argelia un reino cosmopolita y próspero.
Hayreddín junto con su hermano Aruj se atrevieron a atacar las plazas españolas del norte de África creando un poderoso reino y desafiando a la monarquía española de CARLOS V (1518).
Al morir decapitado Aruj, Hayreddín tomó el relevo de su hermano y buscó ayuda del sultán otomano, convirtiendo a Argel en una nueva provincia del imperio otomano.
La fama de Hayreddín (BARBARROJA) se extendió por todo el mundo musulmán del Próximo Oriente y SOLIMÁN complacido lo nombró gran almirante de la flota otomana.
Al mando de 80 galeras y 20 fustas. BARBARROJA aterrorizó las costas de Italia saqueando templos y sepulturas.
BARBARROJA amenazó incluso Roma, para distraer la atención cristiana y tomar Túnez por sorpresa.
El éxito de BARBARROJA fue breve, ya que CARLOS V se puso al frente de una expedición y reconquistó Túnez, pero BARBARROJA se embarcó con rumbo a la isla de Menorca, base de la escuadra imperial española, hizo colocar en los mástiles los estándares de los barcos españoles hundidos el año anterior y penetró sin resistencia en el puerto de Mahón.
Al darse cuenta los españoles del engaño, pactaron rendirse a cambio de la vida y los bienes de los habitantes.
El pacto sirvió de poco. BARBARROJA saqueó la ciudad y apresó a 1.800 personas para venderlas como esclavos.
En los años siguientes con una flota de 150 naves, siguió arrasando desde las islas griegas e Italia hasta la Península Ibérica.
Ya septuagenario se enamoró de la hija de un gobernador español, María la Gaitana, que se llevó consigo.
En 1545, BARBARROJA se retiró a Estambul, donde vivió el último año de su vida, dictando sus memorias…
En su tumba se lee el epitafio:
«Esta es la tumba del guerrero de la fe, el almirante Hayreddín BARBARROJA, conquistador de Túnez y Argel.
Dios lo tenga en su misericordia»
Jierro
