viernes, 11 de febrero de 2022 – 07:52

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ROBERT CAPA no existe. Puede parecer una afirmación extraña, pues muchos creen que CAPA ha sido el mejor periodista de guerra de la historia.
ROBERT CAPA es realmente un pseudónimo tras el que se escondían un hombre y una mujer: Entre Friedmann y Gerda Taro.

Gerda Taro, nació en Stuttgart (1910) dentro de una familia judía burguesa y polaca.
En 1933 tras el ascenso del «Partido Nazi» al poder, tanto Gerda como su familia tuvieron que sobrevivir.
Gerda huyó a París con una amiga y al año conoció a quien se convertiría en su pareja y compañero de trabajo con el que desarrolló una idea genial : crear un personaje inventado bajo el cual firmarían los trabajos fotográficos que venderían posteriormente a los medios de comunicación.

Sí algún editor quería ver a ROBERT CAPA o entrevistarse con él, Gerda se inventaría una excusa para que el encuentro nunca tuviera lugar.
No se trataba solo de una reacción frente a la precariedad de su situación económica, ya que Gerda vendía mejor las fotos, sino también una respuesta al antisemitismo alemán y a la creciente antipatía de los franceses hacia los extranjeros…

El conflicto español junto con el incremento de las publicaciones dedicadas a la memoria histórica hizo que la carrera fotográfica de ambos se separara en el 1937 cuando Gerda firmó su propio contrato con el diario parisino «CE SOIR» y se quedó a vivir sin Friedmann en la Casa de la Alianza de Madrid.

Taro buscaba cambiar las decisiones políticas a través de sus fotografías tanto del frente como de la población civil.
Tanto Taro como Capa y su colega «Chim» mostraban la destrucción de la guerra desde el punto de vista de las víctimas con el objetivo de ejercer presión directa sobre quienes estaban en el poder.

Precisamente la mala suerte fue a encontrar a Gerda en el campo de batalla, un tanque fuera de control acabó atropellándola por accidente. (1937)
Friedmann no era el mismo sin Taro y murió tras pisar una mina antipersona en (1954) y el fotoperiodismo fue un poco peor desde ese día, quedando cientos de fotos de guerra, de la sociedad que la rodeaba ; retratos, situaciones y lugares.
Imágenes que cambiaron el mundo y que denunciaron el dolor de la guerra.

En una guerra, hay que detestar o amar a alguien; en todo caso, hay que tomar partido, porque, si no, no hay forma de soportar lo que ocurre…

Jierro


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