Desde la distancia añoro,
aquellos días tan distintos,
cuando me sentí tan libre
en un horizonte infinito…
Paisajes armoniosos, serenos,
plácida calma, quedan allá lejos,
música divina para los oídos,
solos frente al mar inmenso…
Recibí una fuerza invisible
que al iris los colores transforma,
en verdes moteados y grises…
Corríamos, locos, por la playa,
descalzos, soltando prendas,
hasta quedar desnudos,
Atrapados en una ola gigantesca,
que entre volteretas y risas,
nos arrastró en un griterío sin tregua …
Cómo Adán y Eva en la orilla,
nos rendimos cansados, prisioneros,
en nuestras manos enlazadas,
sin querer soltar esa dicha…
Jierro
