Aplaudiendo todos a la vez

Aplaudiendo todos a la vez

Los aplausos son una acción y una costumbre muy extendidas entre las culturas. Existen formas de aplaudir de todo tipo, pero todas destacan por el ruido.

Los antiguos griegos expresaban su aprobación a las obras de teatro vitoreando y aplaudiendo. Los romanos chasqueaban los dedos, aplaudían y hacían ondear las puntas de sus togas, o bien, sacudían pañuelos o tiras especiales que se distribuía entre el público.

Pero cuando se desarrolló el término de aplauso fue en la época de Nerón, cuando se contrataban personas para que aplaudieran durante los eventos. El emperador Nerón pagaba a casi 5000 ciudadanos para que aplaudieran su aparición en público.

Los expertos, según un estudio sueco, dicen que el aplauso es contagioso y la duración de una ovación depende del número de espectadores. Empiezan a aplaudir en un número pequeño de personas y puede extenderse por todo el grupo, y con que uno o dos individuos decidan dejar de aplaudir, el aplauso se apaga.

El aplauso colectivo es un ejemplo perfecto y simple de hecho social. Las personas asistentes sabrán cuándo aplaudir y cómo, sin que nadie se lo explique en el momento, simplemente llevado por la multitud.

Ya DARWIN hacía observar:

«Una alegría muy viva provoca diversos movimientos sin objeto: se danza, se baten palmas, se golpea con el pie, etc…»

El aplauso es una conducta animal básica: los chimpancés y los niños pequeños acercan sus manitas de forma instintiva.
Los políticos y actores famosos reciben a menudo aplausos tan pronto como aparecen en escena, incluso antes de iniciar sus discursos o interpretaciones. Este elogio se da para demostrar la admiración por sus logros pasados.

En algunas ocasiones el aplauso sucede en mitad de un evento, en los intérpretes de JAZZ es habitual que reciban aplausos en mitad de una melodía, tras terminar un solo improvisado.

Aunque aplaudir durante una sinfonía se considera una falta de etiqueta, no siempre sucede así en las óperas. El aplauso se suele acompañar con expresiones como ¡BRAVO! y en algunas ocasiones con silbidos. Uno de los aplausos más largos de la historia se lo llevó un español, PLÁCIDO DOMINGO, tras interpretar a OTELO en la Ópera Estatal de Viena.

¡OJALÁ podamos superar el récord de los aplausos en uno colectivo y mundial cuando haya PAZ y JUSTICIA!… Y esta experiencia sirva para que el mundo sea un grupo cohesionado, aplaudiendo todos a la vez…

Jierro


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