Andalucía arrastró durante cien largos años que era una tierra de vagos e inconformistas. Si así hubiera sido, si de verdad Andalucía hubiera apocado su destino a la pereza y la desidia, cómo entender entonces este patrimonio que nos cobija, nos marca y nos designa.
Impresiona Andalucía por su hondo sentido de la vida, su ausencia de rencor a los que la maltrataron, su original rebeldía, su robustez y aplomo ante las amenazas de los poderes y sus clases.
«Pocos lugares como éste donde mejor se viva y más se goce»
En el siglo pasado un puñado de viajeros descubrieron la Andalucía de los paseos románticos, las azoteas blancas del Albayzín, el paseo de los Tristes con sus geranios, sus pitas y el tañido de las campanas llamando a misa, la vivienda dispuesta en torno a un patio con una fuente en medio donde el rumor de las aguas amansa los espíritus y alienta la tradición oral, la música popular, la copla y el flamenco.
Nos hicieron creer que Andalucía era una opereta de sangrientas corridas de toros, que constituía la frontera entre la civilización y la barbarie, entre el progreso del norte y el atraso del sur. Andalucía mira a la calle donde encuentra asiento el diálogo, el ánimo y los humores de unas gentes que se expresan acariciando las curvas de una guitarra, las broncas notas de una soleá o una bulería flamenca contando las verdades a secas con las bondades y maltratos que depara la vida. Andalucía ha recibido sin rechistar a los pueblos más capaces que han poblado el Mediterráneo.
La Constitución de 1812, proclamada en el oratorio de San Felipe de Neri de Cádiz, no es más que un grito liberador, despierto y real de un paisaje envuelto en aquella herencia, expresada en tradiciones, fiestas y cenáculos. Los poetas y sus versos emborronados en cuartillas amarillentas, los cafés y los casinos, el alma en la palabra, el ahora y el entonces…
Antonio Machado reniega de aquella Andalucía de charanga y pandereta, de la capilla y la falsa alegría. Él quiere una Andalucía pensadora y madura, de hombres rectos y justos que también lloren y sientan. La filosofía de este pueblo no está en sus libros, vive en sus gentes… Andalucía es diferente e imperfecta, pero, por eso, más entrañable, emocionante y tierna…
Jierro
