El andaluz es hijo de la síntesis de los pueblos de Oriente y Occidente. Puede que el arte andaluz desde hace dos siglos, el cante, el toque y el baile, anden desperdigados por el mundo con el sentir de un pueblo que en su caminar han forjado la senda de una expresión propia: el flamenco. Los gitanos son responsables de una parte generosa, pero no son la pieza inmanente que justifica su existencia…
No hay más que oír la trillera, sobre cuyo acento rítmico siempre encuentra sentido el cascabeleo de las mulas que hacían su trabajo en las tierras de Jerez, Utrera o Lebrija. ¿Y la toná?… que nace del lamento sonoro de la calamidad que padecieron los alfareros en Triana, o la soleá nacida para buscar fortuna por Alcalá de Guadaira, Utrera o Cádiz… La seguiriya esa queja en las gargantas de el Planeta, el Fillo, Silverio o el Nitri… el martinete de las fraguas, el taranto de Almería, el fandango de Huelva o la cartagenera murciana…
Cádiz se expresa por cantiñas; Málaga por jaberas, jabegotes y verdiales y en Álora la cuna de la malagueña; Córdoba por zánganos y fandangos de Lucena; Granada por zambras y Granaínas y, al otro lado del charco, nos prestan la guajira, la milonga, la vidalita y la rumba…
Andalucía es un crisol que refleja el arte de su pueblo; culturas que se funden en una rica y compleja manera de ser…
Jierro
